lunes, 25 de abril de 2011

Muy pocos

Sólo los que al ver los pasos que dejo
puedan decir de dónde vengo…
Sólo los que al mirar el camino que llevo
puedan decirme adónde voy…

Sólo los que compren los sueños que vendo
y me digan por qué los tengo,
y los miren con los ojos del tiempo
y vean los que tuve ayer, lejos de hoy…

Sólo los que escuchen las palabras del silencio
y me digan por qué no las entiendo…
Sólo los que al buscarme contra el viento
puedan saber dónde estoy…

Sólo los que no adelanten soberbios mis pasos lentos,
y me esperen al caminar con paciencia y sosiego…
Sólo los que tengan mis besos
y sepan a quién se los doy…

Sólo los que mis sentimientos busquen en las luces del desierto…
Sólo los que esperen adivinar mis pensamientos…
Sabrán que aunque todos sepan lo que tengo,
sólo ellos sabrán lo que soy.

miércoles, 20 de abril de 2011

¿Por qué dicen que soy inteligente?

¿Por qué la gente me hace preguntas?
si soy yo el que más tiene…
si soy yo el que no encuentra respuestas…
¿Por qué se confunde la gente?

Si miro al mar y al preguntar al azul
sólo responden colores verdes…
y veo el Sol, y pregunto a la luz
y sólo responden nubes débiles…

Si alzo el rostro y miro al cielo
y mis pies siguen anclados al suelo…
si al final son más y más preguntas
las únicas respuestas que encuentro…

Si veo la perfección y no la entiendo…
si veo el horizonte y no llego…
si nunca tenemos tiempo
aunque sea esperar lo único que hacemos.

¿Por qué cada noche tras el ocaso,
vienen miles y miles de estrellas,
y aún saltando con todas mis fuerzas,
no alcanzo a ninguna de ellas?

¿Por qué las agujas sólo giran a la derecha?
¿Por qué no hacen relojes para zurdos?
¿Por qué los fusiles no disparan fresa,
ni hay flores en todas las casas del mundo?

¿Por qué matamos a los pájaros,
si no sabemos lo que dicen sus cantos?
¿Por qué talamos árboles milenarios
si pedimos que se respete a los ancianos?

¿Por qué dividimos el tiempo en segundos,
y no lo hacemos más largo,
o lo paramos por la noche
para vivir así más años?

¿Por qué lo tenemos todo tan claro
si nadie piensa, ni lee, ni escribe?
¿Por qué nadie calla y todos hablamos
pero nadie sabe lo que dice?

¿Por qué hay tanto ruido y nadie contesta?
¿Por qué pensamos en otras vidas y no vivimos ésta?
¿Por qué si tengo tantas preguntas,
no encuentro nunca respuestas?

Si estoy hecho un lío y para mí nada es exacto,
si oigo que en los hospitales muere gente…
si las becas de ciencias exactas las echamos a suertes…
si cuanto más sabe mi mente, menos entiende…

Si la excusa de no enterarnos de nada
es que todo no lo podemos saber…
Y la excusa a no ser perfectos
es que creemos que nadie lo es…

Si nada de esto mi mente comprende…
si las respuestas que necesito no vienen…
si al buscarlas, más preguntas aparecen…
¿Por qué , a pesar de todo, dicen que soy inteligente?

¿Quién eres?

Es tan bonito saber que existes
sin haberte visto nunca…
Es tan triste ver cómo insistes
en no salir a eclipsar a la Luna…

Es tan difícil encontrarte
y tan fácil soñar contigo…
Tan fácil confundir tus ojos,
equivocarse y fijarse en otros…

Tan fácil imaginarte tras el Sol…
brillando igual pero con más colores…
Tan absurdo sonreír en la visión
de un viejo vestido de flores...

Qué difícil es admitir
que aún no sé quién eres,
que aún la facultad de existir
sólo en mi imaginación la tienes.

¿Qué quieres?
¿Por qué vienes a mi mente
a confundirme con fantasmas
que no saben lo que sienten?

¿Qué piensas?
Mientras yo sólo pienso en la suerte,
con tantos deseos de conocerte
como temores a no merecerte…

¿Qué miras?
Mientras mis ojos sólo imaginan verte,
junto a mí, no sólo en ondas tardías
de espejos de agua enturbiada…

¿Qué oyes?
Cuando yo sólo oigo los latidos
de un corazón enmudecido
por una vida privilegiada…

¿Qué haces?
¿También oyes en la arena
el roce de nuestras caricias?
¿Oyes cómo suena?

¿Qué sientes?
¿También sientes la inmensidad
en un corazón demasiado pequeño
para tus ganas de amar?

¿Qué dices?
¿También susurras palabras al viento
y sonríes dejando volar tu alma
al mar de la libertad?

¿Qué escribes?
¿También cosas incoherentes
que no llegan a otro puerto
que el de los barcos del fondo del mar?

¿Qué recuerdas?
¿También los sueños de un pasado
en el que podía vivir
sin una vida junto a ti?

¿Qué sueñas?
¿Con palabras huecas también enseñas
tu irrevocable deseo de una vida en paz?
¿También tú cuentas cuentos a las paredes?

¿De qué te ríes?
¿Por qué lloras?
¿Dónde estás?

¿Quién eres?

martes, 8 de marzo de 2011

El mundo de las rectas paralelas

La gente dice que las matemáticas son perfectas. Una ecuación es perfecta, es precisa, no da lugar a ambigüedades ni a interpretaciones, es perfección en sí misma. Las matemáticas dan varias razones por las que dos rectas paralelas nunca se cortan: ambas tienen la misma pendiente y ordenada distinta, por lo que no pueden tener ningún punto en común, y debido a que todos sus puntos equidistan, nunca pueden acercarse.
Así se comportan las rectas paralelas en el mundo de la perfección, un mundo que en realidad hemos intentado crear nosotros.
Ahora veamos dos rectas paralelas en el mundo real: ¡se juntan!



















¿La gente sigue creyendo que la perfección es que dos elementos que tienen tanto en común nunca pueden juntarse?… Qué triste.
Dos rectas paralelas no son dos rectas que no se juntan nunca, sino dos rectas que deciden escapar juntas al infinito, fuera de un mundo donde buscamos lo perfecto, sin saber muy bien qué buscar. Allí nadie las puede ver juntas, y a escondidas, rompen las reglas de la perfección.
Pero, ¿sabéis qué? Las rectas que intentan ser perfectas, se quedan aquí, y se cortan en un punto. Y en su vida, infinita, sólo están juntas un instante. El resto lo dedican a demostrar al mundo su perfección.
Las rectas paralelas no, no quieren ser perfectas, sólo quieren estar juntas. En el infinito, las rectas paralelas no son perfectas, pero son felices, os lo puedo asegurar.

lunes, 28 de febrero de 2011

Soberbia

Pues quizá sea un error pensar que todo lo que escribo es para ti.
Quizá me hayas dejado huella, sin lugar a dudas,
pero nunca pienses que vales más que mis palabras desnudas,
nunca me digas con soberbia que nunca te acercarás a mí.

Nunca pienses que estás por encima de mis sentimientos,
porque tu superioridad sólo será cierta en mis pensamientos,
porque aunque me rechaces como un rico rechazaría una propina,
nunca podrá tu soberbia más que esa ingenuidad que tu corazón lastima.

No me dejas acercarme, pero nunca te alejas.
No quieres que piense en ti, y tampoco en otras.
No me tomas, pero tampoco me dejas.
Pues no juegues conmigo… Tú también te equivocas.

Preguntas y respuestas

Que no pregunten por qué el tiempo al pasar,
deja los momentos de cal, y se lleva los de arena.
Que no pregunten por qué el viento al soplar,
se lleva las lágrimas de alegría, y deja las de pena.

Que no hagan preguntas, si ellos nunca han respondido.
Y la vida les ha preguntado, y gritando ha insistido.
Y ellos, una vez más, silencio han guardado,
sus palabras al mundo una vez más han negado.

Que no pregunten, si carecen de respuestas.
Si dejan que el ruido abrume sus melodías inciertas.
Que no pregunten, pues nadie les va a responder,
y que acepten los que nunca quisieron, que nadie los va a querer.

Respuestas ausentes

Isaac rompió a llorar.
No podía soportar aquella respuesta. Era un día de lluvia, y miraba por la ventana las gotas de lluvia cayendo sobre el suelo de Safed, en el mismo sentido que las de sus lágrimas. Sarah, detrás de él, no comprendía su reacción.
- No sé de qué te extrañas, Isaac, cada día te entiendo menos.
Isaac era un chico tímido e inteligente, dos cualidades menos incompatibles de lo que la gente solía pensar. No le gustaban las compañías, creía que ninguna era mejor aliada que la soledad; sólo se sentía profundamente protegido y amado por su hermana mayor, Sarah, que siempre tenía respuestas para todas sus preguntas. Había preguntado a Sarah por la vida, por la muerte, por todas aquellas complejas preguntas que todos nos hemos planteado alguna vez, pero que muy pocos hemos preguntado a nuestros hermanos mayores.
Sarah le había dicho que las únicas respuestas a esas preguntas eran la ausencia de otras, no podíamos entender qué eran esas cosas, nunca lo entenderíamos, y por tanto, no podíamos responder a esos planteamientos.
Un día, le preguntó por el tiempo, esperando que Sarah le contestase algo parecido; sin embargo, ella confesó que el tiempo sí lo podíamos entender, sólo había que observarlo.
Y fue ése el día que Isaac se propuso observar el tiempo, para poder entenderlo.
Y pensó que lo mejor para entender el tiempo, era fijarse en las demás personas, algo que había descuidado bastante debido a su escasa relación con ellas.
Vio a una anciana paseando por la calle, y no dudó en preguntarle qué pensaba ella que era el tiempo:
- Hijo, yo me lo he preguntado muchas veces. El tiempo es mi peor pesadilla. Un día, cuando mi marido enfermó, un médico me dijo que desgraciadamente, no podían hacer nada por él; entonces, le comenté que había escuchado acerca de un tratamiento fabricado en América que podría sanarlo, pero él contestó que no había tiempo, y mi marido murió. Por otro lado, mis hijos nunca vienen a verme porque dicen que les falta tiempo. No sé, algo muy bueno no puede ser.
Dándole las gracias, algo atónito, Isaac siguió, y vio a una mujer, con tacones y maquillaje, como si quisiera alcanzar una belleza artificial a la que no llegaba; iba leyendo unos papeles por la calle, con un sándwich en la mano, fue a hablarle, pero ella contestó:
- Lo siento, cielo, no tengo tiempo…
Ya estaba lejos, volvió a concentrarse en sus escritos. Por fin, Isaac, vio a un hombre sentado en un banco, con una niña, posiblemente su nieta:
- Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?
- Claro, tengo todo el tiempo del mundo para contestártela.
- Mmm, ¿qué es el tiempo?
- ¿El tiempo? Buff, no sé, quería decir que sí, que puedes hacerme la pregunta.
- Sí, era ésa la pregunta, que para usted qué es el tiempo.
- Ah, es difícil de responder. No sé, supongo que algo que nos hemos inventado para explicar el mundo.
- ¿Cree de verdad que el tiempo explica el mundo?
- Claro. Hemos inventado el tiempo porque no somos capaces de comprender la verdadera esencia de la existencia. Intentamos explicar con el tiempo que el Sol y la Luna nunca cansen de perseguirse y aunque nunca se encuentran, nunca pierdan la esperanza de hacerlo. Para explicar que los lirios cada primavera, desnudos, aparezcan mejor vestidos que el ser humano con todas sus sedas. Que los bebés, después de llorar, se conviertan en niños que ríen, crezcan y vuelvan a llorar, y al final envejezcan y añoren sus risas y sus lágrimas, sin poder recuperar ninguna de ellas. Que el calor ceda el paso al frío, y el frío por educación, haga lo mismo, también lo atribuimos al tiempo. Que las estrellas bailen el vals del universo, con nuestro mundo y todos los demás, también lo atribuimos a geometrías exactas de tiempos exactos. Tenemos que explicar que nuestro cuerpo, cansado de nosotros, decida volver a la tierra y dejarnos escapar de él, que las olas, cada día, no se cansen de acariciar a la arena. Creemos que todo es cuestión de una rutina, pero cada rutina tiene su magia, pequeño.
- Entonces… ¿cree que el tiempo es mágico?
- También tú lo creerás, es cuestión de tiempo.
- Pero entonces, ¿Por qué Sarah dice que no podemos explicar la vida, ni la muerte, ni los sueños?
- ¿Quién es Sarah?
- Mi hermana.
- Bueno, pues yo no pienso como tu hermana. Yo creo que todo lo podemos explicar; la vida es tiempo, ¿en qué se diferencian la vida y la muerte? Inventamos el tiempo para explicarlas, pero en realidad eso sucede porque la vemos desde lejos todas las veces, menos una. Y esa vez, la comprendemos realmente, pero no sabemos cómo explicarlo, y por eso nos callamos para siempre. Por eso hablamos tanto, porque sabemos que algún día nos tendremos que callar; justo en ese momento en el que hayamos comprendido el tiempo, en el que al final de la vida podamos entender la moraleja del cuento que se nos ha narrado, justo cuando comprendamos el sentido de todo, tenemos que callarnos, porque antes hemos gastado todas nuestras palabras. Un sabio dijo que nuestras palabras no son equilibradas: aprendemos a hablar después de un año, y tardamos décadas en aprender a callarnos. Por eso creemos que no entendemos nada, porque no podemos decir nada con juicio, pero en realidad, en lo más hondo de nosotros, todos sentimos la necesidad de una explicación.
Isaac quedó algo sorprendido por las explicaciones del anciano, y decidió ir a contárselas a su hermana.
Sarah le dijo que él tenía que pensar sus propias conclusiones.
- Pero… entonces, ¿no hay ninguna verdad? ¿todo depende de nosotros?
- Claro, podemos pensar que no entendemos nada, o que lo entendemos todo; en el primer caso, sin embargo, nos contradiremos, pues nos entenderemos a nosotros mismos, que será lo único que no hagamos si optamos por la segunda alternativa.
- Sarah, estás un poco loca, ¿cómo no me voy a entender a mí mismo?
- Porque sólo eres una pregunta del tiempo. El tiempo hace al mundo las mismas preguntas que nosotros, y el mundo nos ofrece como respuestas.
- Pero entonces, ¿por qué sólo algunos tienen tiempo?
- Todos tenemos tiempo, la diferencia está en que sólo algunos tienen respuestas, y por eso comprenden su importancia.
- Sarah, no te entiendo.
- Todavía no sabes cómo responder.
- ¡Pero si la pregunta la he hecho yo!
- No, tu pregunta es sólo una respuesta. La pregunta es la vida, la muerte, el amor; tus únicas respuestas son las preguntas que puedes devolverles, y el tiempo ya se encargará de responderlas.
- Pero el hombre me dijo que el tiempo sólo era un invento nuestro…
- Sí.
Isaac quedó callado.
- Entonces, ¿también nosotros inventamos las respuestas?
- Evidentemente, lo inventamos todo, porque antes de que nosotros viniéramos, nada era como nosotros creemos, todo lo que creemos saber es sólo una interpretación propia, fuera de la realidad. Incluso el concepto de realidad también es un invento nuestro.
Fue entonces cuando Isaac rompió a llorar, mirando la lluvia caer en la dirección de sus lágrimas…
- No sé de qué te extrañas, Isaac, cada día te entiendo menos –dijo Sarah.
- Yo tampoco me entiendo.
- Eso significa que has hallado la respuesta.
- ¿La respuesta a qué?
- La respuesta a ti, la respuesta a la pregunta que el tiempo le hizo al mundo. La pregunta eres tú, y la respuesta es tu incomprensión de ti mismo.
- ¿Qué podemos hacer para comprendernos?
- Ignorar las respuestas que hemos encontrado. Reinventar nuestra propia realidad.
Aquel día, las lágrimas y la lluvia mojando el suelo, Isaac vio de nuevo paseando a la misma anciana.
Iba sola.